
Ahora en el mar
Desde la llegada de Donald Trump al poder no ha hecho otra cosa más que demostrar su fuerza.
Primero, señalando a los cárteles criminales como terroristas, que con la ley estadounidense pueden intervenir en cualquier país que represente un riesgo para Estados Unidos, y luego enviando aviones en la zona limítrofe de aguas internacionales con costas mexicanas.
Ahora, Estados Unidos busca presionar aún más y en estos últimos días ha llegado el buque destructor clase Arleigh Burke USS Gravely a las costas del Golfo de México, “Golfo de América”, como le dicen las autoridades estadounidenses, rozando la posibilidad de tocar aguas mexicanas, no llegan del todo a México, pero este buque sí permanece en aguas internacionales desde el pasado 15 de marzo.
No se trata de cualquier buque, esta embarcación ha sido utilizada por Estados Unidos en aguas de Medio Oriente para sumarlo a los combates contra grupos terroristas de esa región.
Estados Unidos ha dicho que, desde esta embarcación, que cuenta con toda la tecnología, se está trabajando para parar a narcotraficantes que intenten llegar a Estados Unidos vía marítima. Dicen, están ahí para interceptar cargamentos de drogas que ingresen a Estados Unidos por el Golfo de México.
Este buque cuenta con un misil estándar, misiles de lanzamiento vertical, los llamados Tomahawk, seis torpedos y un sistema de armas de proximidad.
De acuerdo con declaraciones del portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, esta operación subraya la importancia de controlar no sólo las fronteras terrestres, sino también las aguas territoriales de Estados Unidos.
Lo cierto es que este buque está ahí para disuadir a los criminales y para generar presión. Así ocurrió con los vuelos de las Fuerzas Armadas estadounidenses que se han detectado muy cerca de las costas mexicanas.
Estados Unidos le está enseñando los dientes al Gobierno mexicano para presionarlo y que vaya tras los narcotraficantes. Los sobrevuelos al límite permitido para no violar la soberanía de un país son, sin duda, como el buque, para presionar.
Las autoridades estadounidenses aseguran que estos aviones no tripulados, satélites y aeronaves de vigilancia buscan obtener información en tiempo real sobre el movimiento de cargamentos de drogas, el monitoreo de rutas de transporte y la localización de centros de producción de sustancias ilegales, como laboratorios clandestinos en la sierra.
Lo cierto es que con todos los satélites que tiene Estados Unidos y las nuevas tecnologías, no necesitan ni los aviones ni los buques.
Pero el despliegue de vigilancia aérea ha sido usado a lo largo de décadas por parte de Estados Unidos, que ha mantenido una colaboración constante con México, siempre bajo el esquema de la cooperación en inteligencia y seguridad.
Sí es un hecho que desde la llegada de Trump hay más sobrevuelos y vigilancia.
La Presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada por la presencia del buque, a lo que ella respondió que no representa ningún peligro, que incluso fue notificada por el gobierno de Estados Unidos de su llegada a aguas internacionales.
La mandataria aseguró que Estados Unidos puede hacer lo que quiera mientras permanezca en su lado del golfo, sin invadir aguas mexicanas.
“Ellos están en su territorio y en aguas internacionales. Nos lo hicieron saber antes de que saliera la noticia y saliera el barco. Pero no están en territorio nacional, están en su territorio y en aguas internacionales, bajo las normas internacionales de navegación”, explicó la Presidenta.
Lo que sí está ocurriendo es que las fuerzas de seguridad mexicanas y estadounidenses están trabajando de manera coordinada en temas importantes para ambos países, y se está dando un intercambio de información importante.
Desde el primer día del gobierno de Trump, el gabinete de seguridad mexicano ha trabajado coordinadamente con las autoridades de Estados Unidos para brindar mayor seguridad y detener el tráfico de drogas y migrantes en la frontera.
Muestra de ello fue la reunión que, el pasado 27 de febrero, tuvieron el gabinete de seguridad del Gobierno de México con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. El encuentro, como lo adelantó la Presidenta Claudia Sheinbaum, fue encabezado por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch. También asistieron los secretarios de la Defensa, Ricardo Trevilla; de Marina, Raymundo Morales; el fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, y el canciller Juan Ramón de la Fuente.
Al día siguiente de esa reunión ocurrió la famosa entrega de 29 narcotraficantes mexicanos a autoridades de Estados Unidos. En ese traslado masivo destacaron los envíos de Rafael Caro Quintero; los líderes de Los Zetas, Miguel Ángel Treviño Morales, alias el Z-40, y Óscar Omar Treviño Morales, alias el Z-42; Vicente Carrillo Fuentes, alias Viceroy, líder del Cártel de Juárez, así como Antonio Oseguera Cervantes, alias Tony Montana, principal operador financiero y logístico del Cártel Jalisco Nueva Generación, hermano de Nemesio Oseguera.
En la relación entre México y EU en materia de seguridad siempre se había dado una colaboración importante que se interrumpió con la llegada de López Obrador a la Presidencia. Ahora, bajo el mando de la Presidenta Sheinbaum, esa colaboración se ha reanudado y el gabinete de seguridad ha sido mucho más duro y está trabajando con muy buenos resultados.
Lo que nos cuestionamos es: ¿por qué si México está dando buenos resultados en materia de seguridad y hay una colaboración importante con Estados Unidos, Trump sigue presionando?
La realidad es que el presidente de Estados Unidos busca agradar a su electorado, y este tipo de acciones son bien vistas por sus seguidores.