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La CNTE alimenta la desigualdad

Fueron tres días los que varias ciudades, pero principalmente la Ciudad de México, sufrieron con las marchas y manifestaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Desde hace años, la CNTE hace huelgas y deja a los niños sin clases y trata de presionar al gobierno en turno con marchas y plantones para conseguir más dinero para ellos, no para las escuelas, no para los estudiantes. Los paros no son de más de 72 horas, para que no se les pueda despedir por incumplimiento laboral.

Este fin de semana, la CNTE levantó su megaplantón de más de 500 casas de campaña del Zócalo, pero toda la semana pasada desquiciaron la Ciudad de México y otros estados. Bloquearon accesos al aeropuerto y las carreteras.

Contingentes de la CNTE se hicieron presentes en varios estados como Michoacán, San Luis Potosí, Tabasco, Yucatán y Oaxaca.
Mientras que en Chiapas se reportó una de las movilizaciones más intensas, con casi tres mil integrantes de la coordinadora que llegaron al parque central de Tuxtla Gutiérrez, donde colapsó una estructura de metal de donde varios maestros amarraron sus lonas, que provocó la muerte de una maestra y dejó herida a otra.

Por supuesto que los de la CNTE terminaron su plantón el viernes pasado a las 2:00 de la tarde, hasta para manifestarse son flojos y no lo hacen fuera de un horario laboral.

En su mañanera, la Presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las exigencias de la CNTE diciendo: “Ojalá pudiéramos darles más”, porque aseguró que no puede comprometer un presupuesto adicional para cubrir sus demandas; la Presidenta explicó que su Gobierno implementa una política de austeridad y que la mayoría del gasto ya fue destinado a acciones o programas específicos, por lo que no es posible tener más dinero.

También les pidió difundir los acuerdos que tienen con el Gobierno federal, uno de ellos, retirar la reforma a la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) que, según el Gobierno, traería importantes beneficios en materia de vivienda para los trabajadores y trabajadoras del Estado.

Lo cierto es que sí hay muchas dudas legítimas sobre estas leyes, que pretenden utilizar el dinero de los trabajadores para la construcción de nuevas casas.

El 18 de marzo, luego de una reunión en Palacio Nacional entre Sheinbaum y docentes, se decidió frenar la iniciativa que presentó la Presidenta el 7 de febrero. Incluso, el día de la reunión mandó a llamar a Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de San Lázaro, para formalizar el retiro de su propuesta, con la intención de facilitar acuerdos.

Lo cierto es que mientras la CNTE busca presionar al Gobierno para obtener mayores prerrogativas y éste quiere hacer leyes que generan mucha incertidumbre, lo que parece no importar son los estudiantes que cada día tienen un nivel más bajo, en materias desde lecto escritura hasta matemáticas. Y ahora es todavía peor porque los libros de texto buscan ideologizar a los estudiantes en vez de darles conocimientos y bases para salir adelante en su futuro. Y es que la única manera de poder tener un México sin la enorme brecha de desigualdad que existe, es con una buena educación pública.

Durante la pandemia por coronavirus no se logró un nivel mínimo de educación a distancia, y mucho menos en las zonas marginadas. Hoy hay millones de niños, niñas y jóvenes que desertaron en sus estudios. Y son cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 5.2 millones de personas entre los tres y 29 años de edad no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021. De esos 5.2 millones, tres millones de niños y niñas pertenecen a la educación básica.

En 2012, junto con Jorge Fernández Menéndez, publicamos el libro y presentamos el documental La élite y la raza, en el que abordamos la enfermedad con la que desde ese tiempo agonizaba la educación en México.

Desde entonces decíamos que el mayor peligro de descuidar la escuela pública era que los padres de familia, que tenían un poco más de dinero, preferían inscribir a sus hijos a una escuela privada, aunque fuera mala, para por lo menos tener la certeza que no estarían meses sin clases por huelgas de maestros, particularmente en los lugares donde la CNTE maneja a los docentes.

Y es que la creciente privatización escolar no necesariamente garantiza que sea de mejor calidad, pero sí la hace cada vez menos accesible para ciertos sectores: el que nace pobre y sin oportunidades, vivirá siempre pobre y sin oportunidades.

Decíamos en el libro que la única opción para romper este esquema, es contar con un sistema de educación pública que evite la elitización y la privatización y que, por ende, reduzca la desigualdad. Desde el 2012 veíamos un problema en la educación pública que se ha agudizado en los últimos años.

En la actualidad observamos un nivel educativo poco competitivo en rubros como matemáticas, lectura y ciencia.

Así lo veremos en las próximas evaluaciones de la prueba PISA, que se aplica en más de 80 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México es integrante, pero durante la administración de López Obrador se eliminó para que el mundo no supiera en qué nivel están los estudiantes mexicanos, por el abandono de la escuela pública, el pretexto para no evaluar fue la pandemia.

Ahora se ha reanudado esta prueba y veremos cómo salen los estudiantes mexicanos, sobre todo ahora que los libros de texto gratuitos poco enseñan materias que se evalúan a nivel mundial.

Como lo publicamos en el libro La élite y la raza, la solución no está en los recursos, por ejemplo, que piden los de la CNTE, sino en la capacitación o el nivel de los maestros como parte de un proyecto con objetivos claros, al cual se sumen todos los actores políticos y sociales involucrados.

La educación en nuestro país está federalizada y, por lo tanto, las soluciones deben ser globales, pero al mismo tiempo locales, porque cada entidad de la República tiene necesidades específicas.

Que se trabaje en política en casi todos los gobiernos si quieren, pero no se vale hacerlo a expensas de los niños y las niñas que son el futuro del país, y que deberían de tener una posibilidad de prepararse y estudiar, para romper la brecha de la desigualdad.