
Otra secta sexual
Son miles de personas que llegan a caer en manos de sectas en un intento de búsqueda de autoayuda.
Siempre en estas sectas hay un líder a quien siguen devotamente, a quien se le rinde pleitesía, en casos donde hay abuso sexual, les controlan la comida y en donde incluso se dan suicidios colectivos.
El pasado 21 de marzo, en un hospital de Bariloche, en la Patagonia argentina, una joven de origen ruso, de 22 años, llegó a punto de dar a luz. La acompañaban otras dos mujeres también de origen ruso, que se veían desnutridas y desorientadas.
El personal médico sospechó algo raro, ya que las mujeres rusas que acompañaban a la chica que estaba dando a luz no pudieron acreditar cuál era su parentesco con la paciente.
El médico que atendió a la más joven reportó el caso a las autoridades, con las sospechas de que se trataba de posible trata de personas; sin embargo, la realidad era mucho más dura y complicada.
Tras un operativo, tanto en Bariloche como en Buenos Aires, fueron detenidas 14 personas, incluido Konstantin Rudnev, quien resultó ser líder de la secta Ashram Shambala, en su poder tenía droga como cocaína, celulares, computadoras y dinero en efectivo.
Este hombre tenía un largo historial de denuncias sexuales y era el fundador de una secta que tenía en su poder a mujeres de varias nacionalidades: mexicanas, brasileñas y rusas.
Este hombre manejaba redes de trata de personas entre Montenegro y Argentina.
Las mujeres que fueron rescatadas tras el operativo para detener a Rudnev estaban tan desnutridas que a varias se les había caído incluso el cabello.
La gran mayoría de ellas eran sus víctimas, pero a su vez tenía otras mujeres que eran las encargadas de reclutar a más jóvenes.
Los actos delincuenciales de Konstantin Rudnev datan de 1989, cuando formaba parte de la milicia de la entonces Unión Soviética y terminó en un hospital psiquiátrico de Sámara, luego de abrir fuego con su fusil de forma irracional.
Tras este suceso, fundó la secta Ashram Shambala, en Novosibirsk, una ciudad ubicada en el centro de Rusia. Se hacía llamar el Gran Shaman Shri Dzhnan Avatar Muni o el extraterrestre de Sirio entre sus seguidores.
Pronto, el grupo se expandió por todo el país hasta llegar a contar con más de 20 mil fanáticos.
Rudnev prometía enseñanzas de yoga, esoterismo y ocultismo, así como la oportunidad de limpiar lo que llamaba “sus canales de energía” en rituales místicos, para ello, los convencía de romper los vínculos familiares y unirse a su secta.
A las personas que empezaban a formar parte de esta secta, las hacían participar en orgías y prácticas sexuales forzadas dentro del grupo, decían que eran para promover su “desarrollo espiritual”.
Incluso, llegó a publicar un libro llamado El camino del loco, en el que instaba a los seguidores a rechazar un estilo de vida convencional de trabajo, estudio y tener hijos.
Sin embargo, existen informes de que algunas adeptas fueron trasladadas a otras ciudades y países sin su consentimiento, en un esquema de trata de personas, en la modalidad de actividades sexuales y de esclavitud.
Las autoridades rusas lo tenían en la mira, pues su primera detención ocurrió en 1999, pero escapó de un hospital psiquiátrico tras ser enviado a revisión. Volvió a ser detenido en 2005, pero sus seguidores se negaron a declarar contra él.
Tres años después era perseguido, acusado de desaparecer a un joven de 15 años, y nuevamente quedó en libertad.
Fue hasta 2010 cuando quedó detenido por portación de heroína y, para 2013, Rudnev, con el testimonio de 15 de sus seguidores, fue condenado a 11 años de prisión en Siberia, acusado de violación, tráfico de drogas, agresión sexual y por la creación de una organización que atentó contra la dignidad y los derechos de las personas.
Le confiscaron ocho de sus autos y dos de sus casas, que fueron vendidos para resarcir a sus víctimas.
Pero entonces fue cuando decidió mudarse a Argentina y desde ahí buscar nuevas víctimas a las que no sólo tenía como esclavas sexuales, sino que había hecho que le entregaran lo poco o mucho que poseían.
Tras cumplir condena y sin importar las graves acusaciones y las evidencias en videos, Konstantin Rudnev quedó libre en 2021 y se mudó a Montenegro, donde continuó con su modus operandi hasta marzo de este año, en Argentina, donde fue detenido.
Su caso recuerda al de Keith Raniere, líder de NXIVM, detenido en Puerto Vallarta en 2018 y condenado a 120 años de cárcel en 2020.
Raniere tenía un subgrupo llamado DOS, donde las mujeres eran marcadas con las iniciales del líder y obligadas a tener relaciones con él, además de entregar materiales comprometedores como “garantía” para evitar que abandonaran la secta.
Ashram Shambala y NXIVM tienen varias similitudes, especialmente en cuanto a la manipulación de seguidores, abuso sexual y estructura de poder piramidal. Ambos grupos fueron fundados por líderes que se presentaban como “gurús”.
En ambas sectas, los seguidores eran adoctrinados gradualmente, aislados de sus familias y sometidos a un rígido sistema de control. Utilizaban técnicas de lavado de cerebro, privación del sueño y dinámicas de poder para hacer que los miembros obedecieran sin cuestionar.
Tanto Konstantin Rudnev como Keith Raniere me recuerdan mucho a Naasón Joaquín García, quien también tuvo a algunas seguidoras sometidas y abusó de ellas sexualmente. Los abusos a menores de edad que éste cometió quedaron demostrados ante una corte de California, que lo encontró culpable. Nunca en México.
Las declaraciones en su contra son fuertes. Esta historia la he seguido desde hace años y antes de que fuera detenido Naasón Joaquín, documentamos los actos ilícitos cometidos por este señor, tanto en estas páginas de La Razón, como en Todo Personal, de ADN 40.
Los abogados de Naasón Joaquín en México intentaron intimidar a los periodistas que hacíamos nuestro trabajo, finalmente el propio Naasón tuvo que aceptar ante una corte de Estados Unidos sus delitos.